Saltar al contenido.

Posts etiquetados ‘C’s (Ciudadanos)’

Breve vida y larga agonía de un Ciudadano

¿Por qué escribo esto?

Mi motivación no es ni el rencor, ni la venganza ni nada del estilo. Me afilié para servir y no para servirme. No aspiraba a ningún puesto ni necesitaba ningún sueldo. Nadie puede acusarme de vivir mal o no asumir la no consecución de unos objetivos que nunca fueron míos.

Sólo quiero dar un testimonio, contar mi experiencia de militante en Ciudadanos y, quién sabe, a lo mejor provocar una reacción saludable dentro del partido (aunque por desgracia no creo que esto sea posible).

1.  Mi experiencia de Ciudadano


La ilusión

Me afilié a Ciudadanos el 22 de enero de 2015 después de dedicar mucho tiempo al estudio de la llamada regeneración de la democracia. Estudié la ley de financiación de partidos, la ley electoral, la ley de partidos y las múltiples propuestas de modificación de estas leyes. Examiné las medidas anti-corrupción y pro transparencia que proponían varios colectivos, etc. Finalmente me dediqué a analizar las distintas maneras posibles de promover esta regeneración (tesis doctoral, asociaciones y “nuevos” partidos políticos) y de luchar para conseguirla. Las motivaciones profundas que me llevaron finalmente a afiliarme a Ciudadanos las describí en este post.

Sin ni siquiera esperar a la confirmación de mi afiliación, tomé la iniciativa de comunicar al partido una serie de propuestas muy concretas que creía que podrían contribuir a su éxito: creación de una plataforma online para fomentar el debate interno y permitir a los afiliados ir conociéndose mejor, sugerencias muy concretas en cuanto a marketing y comunicación, etc. A le vez que comunicaba estas propuestas me ofrecí para ayudar a hacerlas realidad. Tenía muchas ganas de hacer cosas.

El 5 de febrero recibí un email de la Agrupación de Madrid que me confirmaba mi afiliación. También me invitaban a mi primera “reunión de zona” al día siguiente.

El jarro de agua fría

Y es así que el viernes 6 de febrero con una docena de compañeros de la Zona Noroeste escuché a nuestro coordinador de zona pasarle la palabra a Miguel Gutiérrez (miembro de la Junta Directiva de la Agrupación de Madrid) para que nos informase de la actualidad de la Agrupación y de los próximos acontecimientos. A los pocos minutos me quedé de piedra cuando, interrogado sobre las inminentes Primarias para Municipales y Autonómicas, este señor llega a explicar a los presentes que “a veces es más sabio no presentarse a unas Primarias; por ejemplo cuando se ve que un candidato reúne muchos más avales que los demás. No se debe olvidar nunca que el que pierde unas primarias tiene que dar un paso atrás y asumir que ya no puede tener protagonismo alguno en el partido”. ¡¿Qué?! ¿Había escuchado bien? ¿Lo había soñado o este señor acababa de renegar de un elemento fundamental de cualquier proyecto de regeneración que es la democracia interna de los partidos? Mi estado de asombro era tal que me quedé sin reacción y ni siquiera tomé la palabra para subrayar esta incoherencia.

Aquel fin de semana me sentí muy mal. ¿Tanto “estudio de mercado” para embarcarme en un proyecto en el que los propios dirigentes no se creen la regeneración? Volví a leer el Ideario del partido para asegurarme de que no había ningún malentendido y comprobar que efectivamente C’s defendía la regeneración de la democracia española y luchaba por incrementar el nivel de democracia interna de los partidos políticos.

La lucha por el Ideario

Después de darle muchas vueltas, decidí contactar por twitter con un compañero que me había recibido en la sede el día que fui a afiliarme y con otro que pertenecía a mi zona y había asistido como yo al sorprendente discurso del señor Gutiérrez. Ambos me aseguraron que no compartían en absoluto el punto de vista de este señor y que C’s era realmente un partido de regeneración pero que en Madrid existía un cierto “desacuerdo” entre la Junta Directiva y parte de la afiliación. Ese mismo día empezó a circular la noticia de que se iba a presentar una candidata a las Primarias del partido para liderar la candidatura al Ayuntamiento de Madrid y que contaba con el apoyo del partido. Este elemento acabó de convencerme de que había un serio problema en C’s Madrid donde, al parecer, los principios fundamentales de la regeneración parecían importar muy poco a los que deberían ser sus mayores defensores. Informado de la candidatura “independiente” de Jaime Trabuchelli, decidí unirme a su grupo de apoyos para intentar defender el Ideario del partido contra los ataques de lo que creía que era un grupo reducido de oportunistas infiltrados en C’s para servir sus intereses personales en detrimento de los valores fundacionales del propio partido. Hice públicas mis preocupaciones al respecto en este post.

Después de dos semanas de trabajo intenso y, contra todo pronóstico, nuestro grupo consiguió los avales necesarios para que Jaime Trabuchelli pudiese presentarse frente a Begoña Villacís. Pero finalmente nuestros esfuerzos no fueron suficientes para vencer al omnipotente “aparato” el día de las elecciones primarias. Que yo sepa, sigue siendo el único caso en C’s en el que un candidato que no cuenta con el respaldo del partido consigue reunir los avales necesarios para presentarse a unas primarias. Habiendo vivido desde dentro estas primeras auténticas Primarias de C’s Madrid, decidí preparar un riguroso informe de evaluación del proceso de primarias con el objetivo de permitir al partido tomar las medidas necesarias para mejorarlo de cara a las Primarias de Generales que estaban a la vista. Este informe tenía vocación de permanecer dentro del partido aunque, muy a mi pesar, acabó publicado por la prensa (todavía se puede consultar en este enlace).

Es en ese momento (estábamos a principios de marzo) cuando saco la conclusión de que ni la dirección de C’s Madrid (básicamente César Zafra y Miguel Gutiérrez) ni la secretaría de organización del partido a nivel nacional (Fran Hervías) están dispuestos a aplicar internamente los principios de regeneración que marcan nuestro Ideario y de los cuales Albert Rivera dice en todas sus aclamadas intervenciones televisivas que son el núcleo duro del proyecto que C’s tiene para España. Sin embargo, decido superar mi disgusto y permanecer en el partido, convencido de que tanto el propio Albert Rivera como la inmensa mayoría de los afiliados del partido sí que se toman la regeneración muy en serio. Di un claro voto de confianza a Rivera, pensando que, desbordado por el repentino éxito del partido y acaparado por su papel de diputado autonómico y de Presidente/portavoz del partido, realmente no se había enterado de las chapuzas que se estaban cometiendo en Madrid y en otros sitios de España.

Con la firme intención de luchar por una mayor coherencia entre el Ideario y las prácticas vividas en el día a día del partido decidí promover dos iniciativas desde Madrid: por un lado, la creación de una  plataforma web para que los afiliados pudiesen debatir y conocerse y, por otro lado, un trabajo “legalista” de denuncia sistemática a la Comisión de Garantías del partido de todas las violaciones de los Estatutos y del Ideario por parte de la Junta Directiva de Madrid.

Y es así que, con un grupo de 10 afiliados y viendo que la propia dirección del partido no atendía nuestras múltiples peticiones de crear dicha plataforma, decidimos crear la Plataforma Ciudadana. Insisto en que, a pesar de los mensajes alarmistas propagados por el aparato del partido, esta plataforma no era ningún instrumento de rebeldía. Como puede comprobar si la visita, es un lugar donde los afiliados y simpatizantes de C’s pueden intercambiar ideas, argumentos, opiniones e informaciones con el objetivo final de desarrollar propuestas políticas de alto valor añadido.

En el ámbito “legal”, nos reunimos también unos cuantos afiliados para preparar los escritos destinados a alertar al órgano encargado de asegurar el respeto de los Estatutos (la llamada “Comisión de Garantías”). Centramos nuestros primeros esfuerzos en denunciar la no convocatoria por parte de la Junta Directiva de Madrid de la Asamblea de Agrupación, en clara violación de los Estatutos que prevén una reunión cada dos meses. Nuestros esfuerzos dieron sus frutos ya que conseguimos forzar una convocatoria después de 5 meses sin que este órgano fundamental se hubiese reunido.

Pero ése no iba a ser el único “premio” que iba a recibir por luchar en defensa del Ideario y de los Estatutos: un día antes de celebrarse la asamblea recibí un lacónico email que me comunicaba mi revocación “motivada por [mi] actitud interna mostrada contra el Partido”. Apenas habían pasado dos meses desde mi afiliación y ya me tocaba vivir en mis propias carnes (por no decir en mi propio carnet) la deriva autoritaria y en absoluto regeneracionista que vive C’s.

¿Iba esta revocación a acabar con mi voluntad de ver a C’s cumplir con su ideal de regeneración? De ninguna manera. Le recuerdo que mi único objetivo al afiliarme había sido el contribuir a la regeneración de la democracia española y de ninguna manera para conseguir cualquier tipo de objetivo personal.  Por este motivo decidí seguir luchando para defender el ideal regeneracionista de C’s, aunque fuese “desde fuera”.

En realidad, con mi revocación, al partido le salió el tiro por la culata. En lugar de neutralizarme y aislarme me puso bajo los focos. Decenas de afiliados me defendieron y se acercaron a mí para que les informase de lo que estaba pasando en C’s. Al cabo de unas semanas se constituyó un chat de Telegram (una aplicación parecida a Whatsapp) que reunía a afiliados de Madrid que compartían una férrea voluntad de defender el ideario regeneracionista de C’s. Curiosamente, este grupo, que no hacía otra cosa que proteger el propio ADN del proyecto de C’s, se vio etiquetado por el aparato como “corriente crítica”. Y se advirtió a los afiliados de que más les valía permanecer lo más alejado posible de estos “disidentes”. ¿Se imagina lo absurdo que le resultaría ver a un ciudadano español perder su nacionalidad por haber defendido la constitución frente a los ataques de unos nacionalistas? Pues en esta misma situación nos encontrábamos. Aislados, ninguneados y amenazados por defender la mismísima esencia del proyecto político de nuestro partido. ¡Kafkiano!

Nuestro grupo empezó a sospechar que se preparaba la partición forzada de la Agrupación de Madrid. Nos pusimos en marcha y preparamos unos documentos didácticos para informar a los afiliados menos implicados de los riesgos que suponía semejante partición en términos de democracia interna (más información sobre este tema aquí). La Junta Directiva negó públicamente la intención de dividir Madrid en 21 Mini Agrupaciones y se burló de nosotros diciendo que de críticos habíamos pasado a ser paranoicos.

Pero, días más tarde, cuando convocaron una Asamblea para anunciar (por supuesto, sin ningún debate ni voto ni nada por el estilo) la partición de la Agrupación en los términos exactos que habíamos previsto, lo que dejó en evidencia es su absoluto cinismo más que nuestra presunta paranoia.

Para mí esta partición de Madrid fue el final definitivo de mis esperanzas. Ya no podía creer que sólo fueran unos pocos los que renegaban de la regeneración. Entendí que en realidad nadie en la dirección de C’s, ni siquiera Albert Rivera, estaba dispuesto a predicar con el ejemplo en esta materia. Entendí que la regeneración era un eslogan más que un objetivo y que el objetivo verdadero es hacerse con el poder, cueste lo que cueste y empezando por el control absoluto del partido en detrimento de la democracia interna.

La puntilla llegó a finales de junio cuando los que siguen dirigiendo Madrid desde la sombra (los dirigentes de las 21 mini agrupaciones no pintan nada en el esquema) convencieron a la cúpula de Barcelona de echar del partido a todos los afiliados “críticos”, empezando por los que podían entorpecer sus planes de cara a las Primarias de Generales que se avecinaban. De un día para otro cerca de 20 afiliados, cuyo único pecado había sido demostrar más fidelidad hacia el ideario que al aparato, fueron revocados o expedientados.

Y así acabó mi larga agonía ciudadana, viendo a mis compañeros de batalla vendidos por 30 monedas de plata por un Judas de pacotilla en una bochornosa operación más digna de la difunta RDA que de la reivindicada Tercera Vía. O cuando de repente te toca vivir La vida de los otros

Kiwi Orange On White Background

2.  El análisis – ¿Por qué Ciudadanos no va a transformar España?


He dejado pasar un mes desde que desperté de mi sueño ciudadano. Hoy puedo analizar la situación con la frialdad y calma necesarias y explicar por qué creo que lamentablemente la regeneración que tanto necesita la democracia española no llegará de la mano de Albert Rivera y de su partido.

Admiremos la golondrina…

Las graves incoherencias que he podido descubrir en Ciudadanos no quitan que este partido (relativamente) nuevo pueda influir positivamente en el desolador panorama político español. La irrupción de Ciudadanos y de Podemos en este escenario tendrá consecuencias. Y de hecho ya las tiene. El PP y el PSOE vuelven a descubrir el sentido de la palabra negociar y hasta sienten el dolor de dar su brazo a torcer.

Ciudadanos se ha colado en la mesa de las negociaciones y parece haber logrado algún que otro resultado a través de su política de pactos. Todo indica, por ejemplo, que el Consejo Consultativo de la Comunidad de Madrid tiene los días contados [http://www.eldiario.es/politica/Leguina-Gallardon-Gonzalez-Consejo_Consultivo-Cristina_Cifuentes-Asamblea_de_Madrid_0_410159698.html]. Es innegable que Ciudadanos es el artífice del cierre de una institución redundante cuyo único objetivo era asegurar rentas vitalicias a políticos “amortizados”.

No cabe duda de que Ciudadanos aporta aire fresco con caras nuevas y algún que otro profesional de renombre. No hay más que ver el debate que generan las propuestas económicas de Luis Garicano para darse cuenta de lo que puede aportar Ciudadanos en cuanto a revitalización del debate político.

… pero que nadie se crea que hace verano

Sin embargo, lo que me ha enseñado mi desoladora experiencia de militancia en Ciudadanos me lleva también a la conclusión de que el riesgo de que todo acabe en un juego de sillas y un “quítate tú que me pongo yo (para seguir haciendo lo mismo)” es altísimo.

¿Cómo creer en un partido y en unas personas que no predican con el ejemplo? A mí se me hace muy difícil por no decir imposible. A continuación quiero ilustrar este escepticismo con 5 ejemplos:

tabla incoherencias

Estas incoherencias son muy graves. Algunos dirán que son secundarias y que lo que de verdad importa es la propuesta económico-social de C’s para España, ya que esta temática es la que más preocupa a la sociedad española hoy. Algunos dentro del partido incluso dan a entender que estas “imperfecciones” a nivel de democracia interna son anecdóticas dado el reto mayor al que se enfrenta España: relanzar la actividad económica, reducir el paro, reducir déficit y deuda, garantizar las pensiones, etc.

Yo puedo hasta cierto punto entender este orden de prioridad: lo económico-social antes que la regeneración. Sin embargo lo que no puedo aceptar es un argumento según el cual el fin justificaría los medios. En la España de hoy no se puede bajo ningún concepto sacrificar el saneamiento de la democracia en aras de la recuperación económica, precisamente porque la recuperación pasa (entre otras cosas) por un saneamiento de la democracia y de las instituciones.

Pero hay todavía algo más específico al caso de C’s: ¿qué pasa si la esencia del partido consiste justamente en usar nuevos medios más que en tener un fin original? No nos engañemos, la singularidad de C’s es precisamente su enfoque regeneracionista y el contrapunto que ofrece en comparación con los partidos tradicionales, cuyas malas prácticas de corrupción y clientelismo han contribuido a alejarlos de una ciudadanía a quien tan sólo inspiran desprecio.  Como todos los partidos de centro, C’s carece del anclaje ideológico fuerte propio de los partidos de izquierdas y de derechas. Más que ideas nuevas  C’s propone una nueva manera de hacer las cosas, la famosa regeneración.  Si se descubre que en realidad no hay metodología nueva o, mejor dicho, que la hubo pero que se tiró por la borda cuando el barco empezó a acercarse a la orilla de esta isla llamada Poder, ¿qué pasará?

No hace falta ser ningún oráculo para saber que se le verá entonces como un partido más del estilo PPSOE. Y porque, como ya hemos dicho, no tiene una ideología fuerte, todo indica que acabaría siendo devorado por los bandos de siempre: derecha e izquierda. Y que conste que he dicho por los bandos de siempre y no por los partidos de siempre. Efectivamente, puede que faltando a sus promesas de regeneración y de horizontes nuevos C’s devore al moribundo PP para sustituirle y acabe ocupando su espacio a la derecha enfrentándose a Podemos que podría igualmente haber devorado al moribundo PSOE. Funesta perspectiva la de este desesperanzador status quo disfrazado de “cambio sensato”.

¿Son entonces la incoherencia y hasta cierto punto la falsedad los únicos defectos de Ciudadanos?

No; además de estas incoherencias entre el discurso y la práctica, existen, a mi juicio, serios indicios de que Ciudadanos comparte con los partidos de corte tradicional al más puro estilo PPSOE dos graves defectos:

Por un lado, C’s carece de humildad. Si el PP y el PSOE tienen la arrogancia de los que se han acostumbrado a tener el poder, C’s tiene la arrogancia de la juventud. En C’s nadie ha tenido nunca que asumir ninguna responsabilidad de gobierno. En consecuencia, nadie ha experimentado lo que cuesta enfrentarse a la dura realidad. Siguen con la convicción de que nada, ni siquiera la realidad, se les resistirá. De momento sólo conocen una ilusión de realidad, el dulce sabor de las encuestas y de las gráficas de intención de voto que parecen apuntar al cielo. Las cosas les van bien, muy bien. Están convencidos de estar tocados por la mano de Dios. No conciben ni un solo segundo que puede que se estén equivocando en algo. En C’s no existe ni la más mínima preocupación por ir mejorando, hasta tal punto que está mal visto y hasta prohibido emitir internamente críticas constructivas que incluyen propuestas concretas de mejoras. La dirección del partido, tanto a nivel local como nacional, interpreta el crecimiento de la intención de votos como una validación absoluta de su gestión. Piensan que si C’s sube en las encuestas es porque son brillantes y que lo hacen todo perfecto. Por definición, el que critica es un aguafiestas, un resentido o un traidor y lo más sensato es quitárselo del medio lo antes posible. Esta famosa desconexión con la sociedad de la que se acusa a los políticos de los partidos de poder (PP y PSOE), ya se puede observar entre los líderes de C’s. Ya están desconectados de sus bases. Construyen un partido en el que los afiliados pintan lo menos posible. La partición de la incómoda (y poderosa en términos de número de afiliados) Agrupación de Madrid  responde a este deseo de colgar un enorme cartel de “no molesten” en la puerta de los órganos ejecutivos. En realidad (y ya lo ha dicho Albert Rivera en varias ocasiones) C’s está más interesado en conseguir dóciles seguidores de Twitter que le den al RT cuando se les pide que en conseguir afiliados que molestan exigiendo el cumplimiento de los estatutos, que señalen las imperfecciones del proceso de primarias, que soliciten la creación de una plataforma tecnológica que permita el debate de ideas y la elaboración de propuestas de alto valor añadido, etc.

Y por otro lado, C’s es superficial. Hay más preocupación por comunicar bien que por hacer las cosas bien. Es como el PP que cuando se le crítica piensa automáticamente que se ha expresado mal. Este pecado, generado por nuestra sociedad, afecta también a C’s donde se trabaja más para conseguir trending topics en Twitter que para desarrollar propuestas políticas sólidas y bien argumentadas. Quizá es una de las cosas que más me haya sorprendido en estos meses de militancia. El partido de la regeneración no tiene un grupo de trabajo dedicado a las distintas vertientes de esta temática (reforma de la ley de partidos, reforma de la ley electoral, transparencia, etc.). Tampoco hay ningún responsable que se dedique a seguir los trabajos de alta calidad que puedan producir algunas asociaciones en este  ámbito. Pero, eso sí, si Albert Rivera pronuncia un eslogan regeneracionista en una entrevista, toda la maquinaria de propaganda del partido se pone en marcha y se pide a todos los afiliados que manden tweets y hagan retweet de la “noticia”.

Lo siento mucho pero no veo ni tercera vía ni cambio sensato. Veo ocurrencias, búsqueda permanente de titulares y mucha insensatez a la hora de pensar que la comunidad de usuarios de Twitter es un fiel reflejo de la población española.

Conclusión

Algunos intentarán desacreditarme diciendo que este relato y este análisis no son más que el ajuste de cuentas de un ambicioso u oportunista que vio frustradas sus ansias de poder. Los que me conocen saben que no es así. A los demás sólo les puedo reafirmar la sinceridad tanto de mi compromiso ciudadano como de mi relato. También les puedo asegurar que jamás en mi vida he querido tanto como hoy que el tiempo NO me diese la razón. Ojalá mis percepciones fueran alucinaciones. Ojalá mi análisis fuera erróneo. Y, sobre todo, ojala C’s logre la transformación y la regeneración de España que deseo para mis hijas y para todos los españoles. El tiempo lo dirá y dejará a cada uno en su sitio. Lo que le puedo prometer es que no voy a esperar con los brazos cruzados ni desear con cinismo que se materialicen mis peores augurios. Buscaré nuevas vías para poner mi energía y mi experiencia al servicio de esta regeneración de la democracia que sigo considerando vital para España y para todos los españoles.

Necesitamos ganas y canas

[Aviso: este post no creo que interese a los de mis lectores que (por desgracia) no son afiliados a Ciudadanos. Os prometo un post para todos muy pronto :D]

luis-aragones-mantenado-por-los-jugadores-de-la-roja-tras-ganar-espana-la-eurocopa-2008

Ayer al final de su presentación la candidata al Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, presentó a “su equipo”. No deja de sorprenderme este gesto dado que si en C’s se hacen primarias es para seleccionar a personas, no a equipos. No es el tema de mi post pero no puedo evitar pensar que este tipo de prácticas son la antítesis de la regeneración. ¿Nos vamos a molestar en organizar unas primarias para que algunos introduzcan en ellas un concepto tan rancio como las listas cerradas?

Pero bueno, que me voy por las ramas… Lo que quiero transmitiros hoy es que Begoña se equivoca cuando dice que este equipo es “su” equipo y más todavía cuando dice que es el equipo ideal.

Error de casting

Ayer investigué un poco entre los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y descubrí que la edad media del elector que participa en las elecciones municipales de Madrid tiene 48,5 años. La edad media de los candidatos para los que Begoña pide el voto es de 34 años. ¿Soy el único en ver ahí un problema?

La política es el arte de la empatía. Se necesita conectar con el ciudadano. El éxito de C’s se debe fundamentalmente a la capacidad que tuvo y tiene Albert Rivera de diseñar una propuesta de regeneración que, además de necesaria, cuenta hoy con una gran adhesión entre la población española.

Pero los candidatos también tienen su importancia. El elector quiere sentirse representado en las instituciones. No sólo por gente que piense igual o parecido, sino también por gente con quien se pueda identificar. Necesitamos más variedad de edad y de nivel de experiencia profesional. Por supuesto que necesitamos candidatos jóvenes con ganas pero es tan importante o más incluir a candidatos con canas. Necesitamos la ilusión y la ingenuidad de la juventud pero no podemos prescindir de la experiencia y la sabiduría que sólo aportan los años. Necesitamos candidatos que todavía crean que nada es imposible y otros que saben que a veces hay que saber conformarse con lo posible.

C’s defiende la tercera vía, la del equilibrio, la del sentido común. Nuestra lista también necesita equilibrio y sentido común.

Error de metodología

Ya lo he defendido en otro artículo, no podemos confundir la meritocracia (tener en cada puesto a los mejores) con “hacer méritos”.

¿Creéis que, cuando Obama gana las elecciones, se deja llevar por el sentimentalismo y coloca a dedo al que le llevaba las estadísticas y las encuestas durante la campaña a la cabeza del ministerio de finanzas? ¿Creéis que coloca a su maestro de los eslóganes a la cabeza del ministerio de asuntos exteriores? Evidentemente no. Les da las gracias y se pone a buscar a los mejores para estos puestos.

Lo siento, Begoña, pero todo indica que has confundido meritocracia y “hacer méritos” a la hora de formar “tu equipo”, pretendiendo regalar puestos a los que te ayudaron en tu campaña. Si fuera realmente “tu” equipo me daría más o menos igual pero conviene recordar que hablamos de nuestro equipo, el que tiene que defender el ambicioso proyecto de regeneración que formamos todos los afiliados de C’s Madrid.

No quiero caer en el ataque personal y poner el foco sobre tal o cual de estos candidatos de “tu” lista que me parecen especialmente flojos. No sería justo y tampoco muy constructivo. Pero sí que me atrevo a decir que no están todos los que más pueden aportar a nuestro proyecto.

Más allá de la crítica, hay una propuesta de solución

Claramente Begoña no se ha molestado en investigar y estudiar los perfiles de los candidatos a primarias para los puestos de 2-5 del Ayuntamiento de Madrid. De haberlo hecho no habría dejado escapar a:

José Rafael Rodríguez Bartolomé, 55 años, padre de 4 hijos, con estudios de gestión empresarial en Reino-Unido y un MBA. ¿Cómo es posible que C’s renuncie a beneficiarse de los 22 años de experiencia que tiene este candidato en auditoría bancaria cuando proponemos justamente auditar al Ayuntamiento para optimizar su gestión?

Miguel José Balanyá, 56 años, 2 hijas, licenciado en empresariales de ICADE, diploma del IESE y máster en Movilidad Urbana. ¿No vamos a necesitar un concejal con una experiencia relevante en proyectos de movilidad urbana, planificación de eficiencia energética en las ciudades y energías limpias cuando proponemos hacer de la lucha contra la contaminación una de nuestras prioridades para Madrid?

Miguel Ángel Redondo Rodríguez, 45 años, economista, más de 20 años de experiencia en departamentos financieros de importantes empresas y una persona que cuenta con el aprecio de innombrables afiliados porque vive los valores de C’s. ¿Cómo podemos imaginar prescindir de semejante perfil cuando pretendemos atacar de frente el problema del endeudamiento del Ayuntamiento?

No quiero sustituir un dedazo por otro. Sólo quiero arrojar un poco de luz sobre unos perfiles que creo que aportarían mucho valor al equipo que representará las ideas de C’s en el Ayuntamiento de Madrid. Hay más, podría haber hablado de la fantástica Ana Domínguez Soler, de Carlos Alemany u otros que pueden aportar grandes experiencias y mucho talento. Pero lo que nadie puede negar es que nuestros estatutos dicen claramente que eres tú y sólo tú, afiliado de C’s Madrid, quien tiene la gran responsabilidad de designar a los candidatos que ocuparán los puestos de 2 a 5 de la lista que nos representará a todos en las elecciones.

¡Felices primarias a todos!

 

P.S. Y que conste que se puede hacer la misma reflexión para la elección de los candidatos 2-5 para la Comunidad de Madrid. Te aseguro que, por desgracia, no todos los mejores salen en la foto…

¿Tenemos claro nuestro ADN Ciudadano?

[En principio este post sólo debería interesar a mis compañeros de Ciudadanos]

650_1000_poesia_escrita_en_el_adn_articulo_landscape

Soy un recién afiliado a Ciudadanos. Mi principal motivación es la de la regeneración de la democracia. Considero que, atrapados entre las mentiras de los populistas, cuyo único objetivo es llegar al poder, y las de los partidos tradicionales, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder, los ciudadanos tenemos la responsabilidad de impulsar la democracia. Para mí esto significa innovar en el ámbito del funcionamiento de los partidos y de su financiación, en el ámbito electoral y, por qué no, inventando nuevas formas de representación.

Después de descubrir algunas “cosas” del partido, siento la necesidad de compartir con los demás afiliados algunas preocupaciones. Soy consciente de que somos un partido muy joven (por lo menos en Madrid) y que los inicios en todos los proyectos suelen tener aspectos caóticos. Sin embargo, necesito que, más allá de los idearios oficiales y las declaraciones públicas de Albert Rivera, seáis vosotros, mis compañeros de viaje, los que me garanticéis vuestras intenciones, vuestras motivaciones y lo que a mi juicio debería ser nuestro ADN de Ciudadanos.

Puede que os parezca muy ingenuo pero necesito conocer vuestras respuestas a estas 3 preguntas:

¿Estamos de acuerdo en decir que la Afiliación no es una inversión?

La afiliación a un partido político es, o por lo menos debería ser, un acto de responsabilidad ciudadana y hasta me atrevo a decir de generosidad: un ciudadano hace el sacrificio de dar tiempo y energía para la consecución de un objetivo que beneficia al conjunto de todos los ciudadanos.

La afiliación a Ciudadanos no es, o por lo menos no debería ser, una inversión. Uno no puede pretender sacar más provecho de su actividad política que el que saque cualquier ciudadano que haya preferido quedarse en casa, jugar al tenis, ir al cine o incluso militar en otro partido. Lo que hacemos lo hacemos para nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros vecinos, nuestros amigos pero también para millones de desconocidos con los que “sólo” compartimos nuestra ciudadanía.

Esto no es un argumento “filosófico”, tiene unas consecuencias muy prácticas que nos tienen que diferenciar radicalmente de los partidos tradicionales a los que pretendemos desbancar. Tenemos vocación de gobernar y legislar para todos, no para los “nuestros”. Tenemos vocación de aportar no de servirnos.

Esta afiliación “generosa” es también la mejor garantía de nuestra libertad como afiliados y como partido. Estamos aquí para construir un mundo mejor y no para hacernos un hueco más cómodo en este mundo. Esto nos permite preservar nuestra libertad de ciudadano dentro del propio partido. El que viene para aportar no se tiene que callar, no se tiene que someter, no tiene que pensar en proteger ninguna inversión. Si nos fijamos en el silencio de los miembros del PP confrontados al caso Bárcenas o el silencio de los miembros del PSOE confrontados al caso de los EREs, nos podemos hacer esta pregunta ¿cuántos son libres porque vinieron para aportar y cuantos son sumisos porque vinieron para servirse?

Es posible que algún día Ciudadanos sufra la mancha de un caso de corrupción que afecte a uno de sus afiliados, pero quiero que nos prometamos los unos a los otros que jamás sufrirá la deshonra por el silencio de miles de sus miembros que decidan mirar para otro lado.

Entonces, ¿somos ciudadanos que vienen a aportar u oportunistas que vienen a servirse?

¿Estamos de acuerdo en decir que la Meritocracia no tiene nada que ver con “hacer méritos”?

Un partido político es un conjunto de ciudadanos que comparten unos valores y unos objetivos. Como todos los “colectivos”, su éxito depende de la suma de talentos de sus miembros y de la capacidad del propio colectivo de sacar lo mejor de cada uno. Esto es así en un equipo de fútbol, en una empresa o en un partido político. Para triunfar necesitarán un gran delantero, buenos ingenieros y genios de la comunicación. Pero más vale que el delantero no acabe en la portería, los ingenieros llevando la asesoría jurídica y el genio de la comunicación desarrollando el programa económico.

A esto se le llama meritocracia: cada función ha de ser desempeñada por la persona mejor preparada para ello.

Lo curioso es que en los partidos políticos a veces se confunde este concepto de meritocracia con el de “hacer méritos”. Algunos piensan que los puestos de responsabilidad los tienen que ocupar los que están desde hace más tiempo o los que más tiempo dedican al partido. Es un error grave y más grave aún en un partido “joven”. Es humano que cada afiliado venga con algún que otro objetivo personal pero cabe recordar en todo momento que el objetivo común es cambiar la sociedad  y que no se puede aceptar jamás que la búsqueda del objetivo común se vea entorpecida por las ambiciones particulares.

En Ciudadanos necesitamos que cada puesto esté cubierto por la persona más capacitada y mejor preparada para ello. No puede ser que tal puesto en la Junta o tal otro en las listas se entregue como premio al afiliado más antiguo o al que más horas haya pasado al pie del cañón distribuyendo folletos. Y esto no quita que no seríamos nada sin el afiliado nº1 o sin el rey de las carpas.

Por supuesto hay estatutos y normas internas que respetar y el partido no puede funcionar como un continuo juego de las sillas musicales donde los que ejercen una responsabilidad dimiten cada vez que un mayor especialista en la materia se afilia. Sin embargo, estos estatutos y normas internas sólo tienen sentido si están al servicio del objetivo colectivo del partido y, en consecuencia,  los que ejercen responsabilidades tienen la obligación de incorporar a sus equipos a los nuevos afiliados de mayor talento.

No olvidemos nunca que si hay ciudadanos ilusionados que deciden apoyar el proyecto regeneracionista de Ciudadanos no es para que nos pongamos a reproducir las malas prácticas internas de los partidos tradicionales.

Entonces, ¿somos ciudadanos comprometidos capaces de sacrificar nuestras ambiciones personales por el éxito del proyecto colectivo?

¿Estamos de acuerdo en decir que si no predicamos con el ejemplo no vamos a ninguna parte?

Lo que más me atrae del proyecto político de Ciudadanos es su voluntad de regenerar la democracia española que, a pesar de ser de las más jóvenes del continente, parece sufrir un envejecimiento prematuro. Tenemos que trabajar mucho y en muchos frentes: funcionamiento y financiación de los partidos, ley electoral, separación de poderes y hasta innovaciones que permitan conseguir democracia más allá de las elecciones.

De momento, por lo menos desde Madrid donde no estamos en las instituciones, poco hemos podido hacer. Pero si hay algo que podemos y debemos hacer es predicar con el ejemplo. Ciudadanos tiene que ser un modelo de democracia interna. De no serlo, es el proyecto político en su globalidad el que pierde toda su credibilidad.

Nuestros estatutos prevén la designación de candidatos con un proceso de Primarias. Es un elemento fundamental de Ciudadanos y no un adorno. Con esto quiero decir que no se trata de gestionar este partido como un partido tradicional a pesar de las primarias. Se trata de que estas primarias sean en el centro de la vida del partido y marquen su pulso. Por muy apresurados que andemos, por mucho que nuestras estructuras sean nuevas y a veces débiles y por mucho que escaseen los recursos, no podemos prescindir de auténticos procesos de primarias. Estos auténticos procesos de primarias son el indicador de la buena salud del partido. En un partido regeneracionista sano se presentan varios candidatos que aportan visiones distintas, consiguen los avales sin problema si son capaces de demostrar que su candidatura enriquece el debate y compiten en un ambiente de respeto mutuo porque se preocupan más por el objetivo colectivo que por sus objetivos personales. En un partido sano los afiliados eligen al candidato que consideren que mejor puede contribuir al objetivo colectivo pero no castigan ninguna candidatura constructiva por el simple hecho de no ganar. En un partido sano los candidatos que triunfan integran en su programa las buenas propuestas de otros candidatos y saben reconocer y aprovechar el talento de los candidatos no elegidos.

Como afiliado entusiasta de Ciudadanos no podría aceptar unos procesos de primarias truncados para favorecer a candidaturas “de aparato”. Tampoco podría entender que el aval particular se confunda con el voto o que el simple hecho de reunir un montón de avales baste para desanimar a otros candidatos. Y, finalmente, no entendería nunca que la derrota de una candidatura constructiva, “que aporta”, lleve a ningún afiliado (ni al propio candidato ni a los que le han avalado o apoyado) a una lista negra de afiliados malditos condenados al silencio que no tendrían más alternativas que huir, callar o pedir perdón.

Ciudadanos es un partido donde deben mandar los afiliados generosos y responsables. Si algunos quieren un partido donde manden matones y caciques, ya existen varias alternativas y desde hace muchos años.

Entonces, ¿somos ciudadanos que creemos profundamente en la regeneración de la democracia y estamos dispuestos a demostrarlo?