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¿Tenemos claro nuestro ADN Ciudadano?

[En principio este post sólo debería interesar a mis compañeros de Ciudadanos]

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Soy un recién afiliado a Ciudadanos. Mi principal motivación es la de la regeneración de la democracia. Considero que, atrapados entre las mentiras de los populistas, cuyo único objetivo es llegar al poder, y las de los partidos tradicionales, cuyo único objetivo es mantenerse en el poder, los ciudadanos tenemos la responsabilidad de impulsar la democracia. Para mí esto significa innovar en el ámbito del funcionamiento de los partidos y de su financiación, en el ámbito electoral y, por qué no, inventando nuevas formas de representación.

Después de descubrir algunas “cosas” del partido, siento la necesidad de compartir con los demás afiliados algunas preocupaciones. Soy consciente de que somos un partido muy joven (por lo menos en Madrid) y que los inicios en todos los proyectos suelen tener aspectos caóticos. Sin embargo, necesito que, más allá de los idearios oficiales y las declaraciones públicas de Albert Rivera, seáis vosotros, mis compañeros de viaje, los que me garanticéis vuestras intenciones, vuestras motivaciones y lo que a mi juicio debería ser nuestro ADN de Ciudadanos.

Puede que os parezca muy ingenuo pero necesito conocer vuestras respuestas a estas 3 preguntas:

¿Estamos de acuerdo en decir que la Afiliación no es una inversión?

La afiliación a un partido político es, o por lo menos debería ser, un acto de responsabilidad ciudadana y hasta me atrevo a decir de generosidad: un ciudadano hace el sacrificio de dar tiempo y energía para la consecución de un objetivo que beneficia al conjunto de todos los ciudadanos.

La afiliación a Ciudadanos no es, o por lo menos no debería ser, una inversión. Uno no puede pretender sacar más provecho de su actividad política que el que saque cualquier ciudadano que haya preferido quedarse en casa, jugar al tenis, ir al cine o incluso militar en otro partido. Lo que hacemos lo hacemos para nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros vecinos, nuestros amigos pero también para millones de desconocidos con los que “sólo” compartimos nuestra ciudadanía.

Esto no es un argumento “filosófico”, tiene unas consecuencias muy prácticas que nos tienen que diferenciar radicalmente de los partidos tradicionales a los que pretendemos desbancar. Tenemos vocación de gobernar y legislar para todos, no para los “nuestros”. Tenemos vocación de aportar no de servirnos.

Esta afiliación “generosa” es también la mejor garantía de nuestra libertad como afiliados y como partido. Estamos aquí para construir un mundo mejor y no para hacernos un hueco más cómodo en este mundo. Esto nos permite preservar nuestra libertad de ciudadano dentro del propio partido. El que viene para aportar no se tiene que callar, no se tiene que someter, no tiene que pensar en proteger ninguna inversión. Si nos fijamos en el silencio de los miembros del PP confrontados al caso Bárcenas o el silencio de los miembros del PSOE confrontados al caso de los EREs, nos podemos hacer esta pregunta ¿cuántos son libres porque vinieron para aportar y cuantos son sumisos porque vinieron para servirse?

Es posible que algún día Ciudadanos sufra la mancha de un caso de corrupción que afecte a uno de sus afiliados, pero quiero que nos prometamos los unos a los otros que jamás sufrirá la deshonra por el silencio de miles de sus miembros que decidan mirar para otro lado.

Entonces, ¿somos ciudadanos que vienen a aportar u oportunistas que vienen a servirse?

¿Estamos de acuerdo en decir que la Meritocracia no tiene nada que ver con “hacer méritos”?

Un partido político es un conjunto de ciudadanos que comparten unos valores y unos objetivos. Como todos los “colectivos”, su éxito depende de la suma de talentos de sus miembros y de la capacidad del propio colectivo de sacar lo mejor de cada uno. Esto es así en un equipo de fútbol, en una empresa o en un partido político. Para triunfar necesitarán un gran delantero, buenos ingenieros y genios de la comunicación. Pero más vale que el delantero no acabe en la portería, los ingenieros llevando la asesoría jurídica y el genio de la comunicación desarrollando el programa económico.

A esto se le llama meritocracia: cada función ha de ser desempeñada por la persona mejor preparada para ello.

Lo curioso es que en los partidos políticos a veces se confunde este concepto de meritocracia con el de “hacer méritos”. Algunos piensan que los puestos de responsabilidad los tienen que ocupar los que están desde hace más tiempo o los que más tiempo dedican al partido. Es un error grave y más grave aún en un partido “joven”. Es humano que cada afiliado venga con algún que otro objetivo personal pero cabe recordar en todo momento que el objetivo común es cambiar la sociedad  y que no se puede aceptar jamás que la búsqueda del objetivo común se vea entorpecida por las ambiciones particulares.

En Ciudadanos necesitamos que cada puesto esté cubierto por la persona más capacitada y mejor preparada para ello. No puede ser que tal puesto en la Junta o tal otro en las listas se entregue como premio al afiliado más antiguo o al que más horas haya pasado al pie del cañón distribuyendo folletos. Y esto no quita que no seríamos nada sin el afiliado nº1 o sin el rey de las carpas.

Por supuesto hay estatutos y normas internas que respetar y el partido no puede funcionar como un continuo juego de las sillas musicales donde los que ejercen una responsabilidad dimiten cada vez que un mayor especialista en la materia se afilia. Sin embargo, estos estatutos y normas internas sólo tienen sentido si están al servicio del objetivo colectivo del partido y, en consecuencia,  los que ejercen responsabilidades tienen la obligación de incorporar a sus equipos a los nuevos afiliados de mayor talento.

No olvidemos nunca que si hay ciudadanos ilusionados que deciden apoyar el proyecto regeneracionista de Ciudadanos no es para que nos pongamos a reproducir las malas prácticas internas de los partidos tradicionales.

Entonces, ¿somos ciudadanos comprometidos capaces de sacrificar nuestras ambiciones personales por el éxito del proyecto colectivo?

¿Estamos de acuerdo en decir que si no predicamos con el ejemplo no vamos a ninguna parte?

Lo que más me atrae del proyecto político de Ciudadanos es su voluntad de regenerar la democracia española que, a pesar de ser de las más jóvenes del continente, parece sufrir un envejecimiento prematuro. Tenemos que trabajar mucho y en muchos frentes: funcionamiento y financiación de los partidos, ley electoral, separación de poderes y hasta innovaciones que permitan conseguir democracia más allá de las elecciones.

De momento, por lo menos desde Madrid donde no estamos en las instituciones, poco hemos podido hacer. Pero si hay algo que podemos y debemos hacer es predicar con el ejemplo. Ciudadanos tiene que ser un modelo de democracia interna. De no serlo, es el proyecto político en su globalidad el que pierde toda su credibilidad.

Nuestros estatutos prevén la designación de candidatos con un proceso de Primarias. Es un elemento fundamental de Ciudadanos y no un adorno. Con esto quiero decir que no se trata de gestionar este partido como un partido tradicional a pesar de las primarias. Se trata de que estas primarias sean en el centro de la vida del partido y marquen su pulso. Por muy apresurados que andemos, por mucho que nuestras estructuras sean nuevas y a veces débiles y por mucho que escaseen los recursos, no podemos prescindir de auténticos procesos de primarias. Estos auténticos procesos de primarias son el indicador de la buena salud del partido. En un partido regeneracionista sano se presentan varios candidatos que aportan visiones distintas, consiguen los avales sin problema si son capaces de demostrar que su candidatura enriquece el debate y compiten en un ambiente de respeto mutuo porque se preocupan más por el objetivo colectivo que por sus objetivos personales. En un partido sano los afiliados eligen al candidato que consideren que mejor puede contribuir al objetivo colectivo pero no castigan ninguna candidatura constructiva por el simple hecho de no ganar. En un partido sano los candidatos que triunfan integran en su programa las buenas propuestas de otros candidatos y saben reconocer y aprovechar el talento de los candidatos no elegidos.

Como afiliado entusiasta de Ciudadanos no podría aceptar unos procesos de primarias truncados para favorecer a candidaturas “de aparato”. Tampoco podría entender que el aval particular se confunda con el voto o que el simple hecho de reunir un montón de avales baste para desanimar a otros candidatos. Y, finalmente, no entendería nunca que la derrota de una candidatura constructiva, “que aporta”, lleve a ningún afiliado (ni al propio candidato ni a los que le han avalado o apoyado) a una lista negra de afiliados malditos condenados al silencio que no tendrían más alternativas que huir, callar o pedir perdón.

Ciudadanos es un partido donde deben mandar los afiliados generosos y responsables. Si algunos quieren un partido donde manden matones y caciques, ya existen varias alternativas y desde hace muchos años.

Entonces, ¿somos ciudadanos que creemos profundamente en la regeneración de la democracia y estamos dispuestos a demostrarlo?

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