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El último “out of bounds” de Seve

He nacido en una familia de aficionados al golf. Mi abuelo me paso el virus, lo pase a mi hermano pequeño y espero pasarlo a mis hijas. Empece a jugar con 7 o 8 años y mi padrino me regalo entonces el regalo más bonito que jamas me hayan regalado: mis primeros palos de golf. No lo sabía entonces pero eran viejos palos suyos que había cortado para que se ajusten a mi estatura. Y estos maravillosos palos llevaban grabado en sus cabezas un nombre: Seve Ballesteros. Seve era mi ídolo, le seguía en la televisión cuando jugaba el British Open, el Trophée Lancôme, la Ryder Cup y mi abuelo me dejaba velar tarde para verle jugar el Masters. Me encantaba su swing y su juego. No era la típica maquina que lo tiene todo controlado. A veces mandaba una bola entre los arboles y tenía que jugar de rodilla. Otras veces mandaba su bola al agua y se quitaba los zapatos para jugarla desde allí. Visitaba muchos bunkers pero sabía salir de ellos con arte.

Cuando tenía 12 años vino a jugar el Belgium Open y le seguí los 18 hoyos. Por primera vez le vi hacer algunos de sus golpes mágicos en directo.  En el green del 18 me regalo su bola. Al día siguiente volví pero esta vez con un rotulador para que me la firmase y lo hizo encantado.

Los años pasaban y sus victorias se hacían cada vez más escasas pero para mi seguía siendo el mejor. Para mi si participaba en un British Open o un Masters lo podía ganar. Nunca deje de pensar que un día iba a dar la sorpresa y ganar otra vez un grande.

La casualidad de la vida hizo que me enamore y me case con una chica española… de Santander. Y es así que 12 años después de mi primer encuentro con Seve volví a encontrarme con el en su querido golf de Pedreña. Me hizo tanta ilusión como el primer encuentro. En nuestro primer encuentro chapurreaba inglés y en el segundo estaba muy orgulloso de poder chapurrear en castellano. Charlamos de su golf, de sus problemas de espalda, le dije que era mi idolo desde pequeño. En el momento de despedirme me dijo sorprendido “¿y no quieres que te firme una bola o un guante?”. Le conteste que “muchas gracias pero hace años que tengo todo esto y que su bola firmada esta en una estantería entre mis modestos trofeos de jugador amateur”.

Con el paso de los años y de múltiples mudanzas he tirado poco a poco mis trofeos a la basura. Pero hay dos que no tirare nunca. Guardo una cajita de plata que gane cuando tenía 10 años. Era mi primera victoria en un campeonato y me la entrego mi abuelo. Y guardo una vieja bola…

Esta mañana al despertarme me ha llegado una noticia muy triste. Seve ha muerto. Peleo como siempre pero acabo perdiendo esta última batalla contra el cáncer. Me acuerdo del y de su familia. Este verano cuando pasare por Pedreña le daré el pésame a su tío Ramón que le enseño a jugar al golf.

Seve jugaba como los ángeles. Desde hoy juega con ellos.

2 comentarios Escribe un comentario
  1. Precioso post.

    9 mayo, 2011
  2. Gracias Miguel.

    9 mayo, 2011

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