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Diario de mi rehabilitación

Ayer empece mis sesiones de rehabilitación en La Paz.

Ufff que mal suena esto de rehabilitación… No no, sigo sin beber ni fumar desde la ultima vez que nos vimos y tampoco tengo una vida sexual tan apasionante como la de Tiger Woods. La que necesita rehabilitación es mi espalda.

Este tratamiento es todo una experiencia de vida. Os la tengo que contar.

Primero hay que saber que entre la consulta con el traumatologo y la primera sesión pasa por lo menos un mes. Asi que he tenido el tiempo suficiente para vencer solito a mis dolores de espalda y hacerme daño en el codo. Pero claro mis sesiones estan para cuidar mi esplada que esta perfecta y no mi codo que me duele que me muero.

Segundo es importante subrayar lo bien que cuidan su negocio los de la unidad de fisioterapia de La Paz. La ventanilla donde te tienes que presentar es basicamente un agujero en la pared situado a unos 130 cm del suelo. Si no tienes la suerte de ser enano o ya en silla de ruedas, no tienes más remedio que hacerte daño en la espalda para ver la cara de la “simpaticisima” señora que te atiende.

Por fin te enteras de lo que hay que hacer: pasar por el vestuario, cambiarte y seguir hasta el gimnasio.

Lo que no te dicen es que estas a punto de experimentar tu primer viaje a traves del tiempo… Habres la puerta del vestuario y BAM estas en los años ’70. Acabas tu pelea con la cerradura de la taquilla (humedad + metal + 40 años = corrosión) y empujas sin cuidado la puerta del gimnasio… BAM estas en los años ’50. Y no lo digo (solo) por el diseño de los trajes de baños de los que entran en las piscinas. Por cierto entran y salen del agua igual de dañadidos por el paso de los años. Esto es La Paz, no es Cocoon.

Ahora te toca aguantar las quejas del cascarabia de turno que pagan para vigilar el lugar. Ayer porque llegaba tarde y hoy porque he llegado pronto. Seguro que si mañana llego a la hora me va a preguntar si soy Suizo…  Que no, mañana no hay rehabilitación porque es fiesta. Al día siguiente tampoco hay porque… puente. Y ya me han dicho que seguramente el martes no habra tampoco porque se prepara une huelga.

Empieza la clase. El problema es que salvo yo los otros alumnos no sufren solo de la esplada sino de Alzheimer. Tenemos que hacer series de 10 ejercicios pero si la profesora no les paran seguerían hasta 1000. Hoy nos ha dicho que tenemos que ejercitar en casa los cuatro días que vienen. Dios mío, la que pueden montar en su casa. A lo mejor el lunes estoy solo.

Se acabo, Round 2 de la pelea con la taquilla.

Salgo del vestuario, paso por la ventanilla para que me sellen mi tarjeta amarilla. Por supuesto me arodillo como en el confesional. Ya que me cuido la espalda lo hago bien, nada de doblarme al 90º.

Estoy a punto de volver a la realidad, solo me queda atravesar un pasillo. Pero que pasillo… Veo a gente con mala cara en los bancos, miro la puerta más cercana y leo “Terapia Ocupacional”. Pero que sera esto?!?! Un sitio para entretener a los que se aburren o que. Seguramente porque en frente esta la capilla… para los que no se pudo salvar.

La luz esta al final del pasillo, acelero para volver al mundo civilizado. Nada más pisar la calle me cruzo con un comercial de empresa farmaceutica que persigue a un medico: “¿Y no necesita un portatil nuevo?” (os lo prometo!!)

Que alivio, he vuelto al siglo XXI y estoy en España.

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